
Despues de la tormenta...
Tras experiencias tan intensas, llega el instante en que te detienes y observas a tu alrededor. Arrolladora a pasos agigantados, la vida no se detiene, continua frenética sin dilación, sin importarle nada ni nadie.
Llegado ese punto en que todo hecho anterior parece renacer como una quimera detestable, es cuando verdaderamente se nos aparece el diablo, con una máscara sonriente que exclama vendetta, porque la venganza se sirve en frío.
No importa cuanto hayas superado, cuanto te hayas esforzado y todo aquello a lo que hayas sobrevivido. Lo que verdaderamente importa en aquel justo instante en que tu mente sufre un paro cardíaco, es la calma que precede a ese estado de excitación orgásmica. ¿Eres capaz de soportarla? ¿De asumirla? ¿De conocer cada uno de los límites?
El pasado es irrevocable, y se evoca en nuestra mente con la claridad que verdaderamente deseamos según nuestro afán por recordarla.
La vida continua indiferente a todo aquello cuanto nos ocurre, a nosotros, a nuestro pequeño mundo, el unico que existe a nuestros ojos hasta que la muerte nos alcance. Porque será entonces cuando se anuncie el apocalipsis particular.
Sin embargo, llegado el momento. ¿A quién rendiremos cuentas?
De todas formas, nuestros sueños subsisten, y con ellos, nosotros. Porque de ellos vivemos. Mas resulta paradojicamente evidente: ¿No es el pasado otro sueño más?
De nosotros depende no olvidarlos, porque no conviene al hombre caminar hacia atrás...